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PERSONAL DE UNISAP VISITA A CASA HOGAR EL OASIS DE LA NIÑEZ

Guadalajara, Jal. Recientemente algunos compañeros altruistas empleados de UNISAP por iniciativa de nuestras compañeras de Recursos Humanos, llevaron a cabo una cálida visita a los niños de la Casa Hogar OASIS DE LA NIÑEZ ubicada en la calle Oasis No. 80 de la Colonia Miramar de este municipio.

La inquietud de hacer algo en pro de la sociedad y en especial en favor de los niños que pertenecen a grupos vulnerables por las condiciones en la que llegaron a este lugar en donde con muchas penurias pasan sus días alejados de sus padres que algún día lloraron de felicidad cuando los vieron nacer y que les dieron un momento fugaz cargado de felicidad, al ver el rostro de sus creaturas volcando en ellas las ilusiones de cuidarlas y de integrarlas a una familia, anhelo de cualquier padre o madre que sabe querer a sus hijos.

Hoy, a la distancia, en algunos niños su poca felicidad se diluye a cuentagotas regateada por aquellos padres que les fueron arrancados forzosamente de su hogar cuando por órdenes de la autoridad y por evidencia de desintegración familiar ya por maltrato infantil o por violencia intrafamiliar la ley les impide hacerse cargo de ellos o porque sus progenitores, algunos adictos a las drogas y la indigencia deambulan por cualesquier calle dedicados a los oficios de limpiavidrios, franeleros o de madres dedicadas al oficio mas antiguo del mundo, pasan sus días en algún centro de rehabilitación contra las adiciones, si no recaen a lo mejor los podrán tener de nuevo en su brazos y esa esperanza, es compartida por sus propios hijos que nos dicen “…mis papis pronto van a salir del centro de las drogas”… o los que cuentan ansiosos los días próximos de semana santa cuando podrán ver de nuevo a sus padres los que tienen permisos condicionados por el DIF para recibirlos sólo por algunos días aprovechando esas fechas de asueto del conocido internado.

Otros padres, especialmente algunas mamás, de plano no quieren saber de ellos como aquella niña que vimos llorar cuado hablando por teléfono a su madre preguntando qué cómo estaba y que cuándo iría por ella y a cambio recibe las injurias de su propia progenitora profiriéndole grotescas palabrotas que dejan mudo al mas pintado, echándole en cara su mala suerte en el amor y que es la causa de que su padre ya nos las quiera, algunas de esas mujeres fueron abandonadas, separadas o divorciadas por maltratos imposibilitadas de mantener por su cuenta a sus hijos, optan por dejarlos a la puerta de este lugar ubicado en la Colonia Miramar, a dos cuadras del periférico poniente.

Algunos niños los que corrieron con menos suerte, huérfanos de ambos padres y abandonados por abuelos o familiares cercanos, vieron a estos niños como estorbos aun siendo de su propia sangre y allí están arrinconados, aferrados a la memoria de su padres aquella pareja difunta originaria de Puebla que fue prensada por un tráiler, una mas de las historias tristes que es consabida en esa casa hogar, se aferran a la única foto de los recuerdos paternos grabados en una postal colocada sobre el buró que acompaña las enormes literas de la sección de los dormitorios de las niñas donde el frío inusual de febrero calaba hasta los huesos.

“Son normales estos niños”, dice el director de la Casa Hogar El Oasis de la Niñez, el sacerdote José Díaz López, mientras se escuchan los murmullos de casi un centenar de menores de edad que viven alejados de sus familias. Son niños y niñas que vivieron violencia física, psicológica, abuso sexual o abandono en sus casas y que, por azares del destino o una denuncia, llegaron ahí, su nuevo hogar.

Los hospicios u orfanatos o casas hogar para niños, amén del concepto finalmente son lo mismo pero qué bueno que existen porque son una bendición de Dios. Gracias a la caridad cristiana y a la preocupación de las autoridades y de la iniciativa privada funcionan este tipo de establecimientos porque imaginemos donde pararían las enormes cantidades de niños que por mil causas se encuentran sin un hogar y sin el apoyo de sus progenitores. Simplemente a la calle.

Qué diferencia de los demás niños de hogares establecidos que tienen asegurada su comida caliente, reciben el abrazo de padres amorosos, tienen techo y van a la escuela, son atendidos en su salud, que salen a pasear y a jugar, que la vida les sonríe por ser mas afortunados a diferencia de quienes allí habitan la casa hogar en donde el hoy y el mañana son lo mismo en la pausada inercia de transcurrir el tiempo.

Allí se funden sus oraciones de la noche dirigidas a San Jorge Bendito y al Ángel de su Guarda para que los protejan de los “malvados”, así lo expresan los niños quienes piden sin rencor por el bien de su padre o madre aunque les hayan propinado severos golpes, aunque no los acepten ni los quieran, los saben perdonar o por la madre religiosa que los cuida con amoroso cuidado, o por el padre director de la casa hogar, por sus bienhechores y desde luego por toda la comunidad de niñas y niños que se ven como hermanos tan solo separados por una reja metálica que divide un enorme patio común, oraciones que con paciencia fueron repetidas y aprendidas noche tras noche justo al borde de la litera donde la madres religiosas bendicen a sus “hijos” para luego apagar la luz del dormitorio. Ya mañana será otro día.

El Oasis es el nombre de la casa hogar y se lleva bien porque en medio del desierto de la indiferencia de muchas personas, esta casa es remanso de luz, es el recinto protector de estos niños que si no lo hubiese, de seguro terminarían nuevamente abandonados en las calles, hacinados en las buhardillas de los drenajes, debajo de puentes, expuestos a enfermedades, al frío y a la lluvia, a la mendicidad, a la explotación infantil y laboral, a la pederastia y a toda clase de vicios, hasta ser víctimas del comercio infrahumano del tráfico y venta de órganos, sin esperanza de ser adoptados porque los padres que no pueden procrear los prefieren de meses de nacidos y hoy la gente voltea hacia los niños de Haití donde según cifras oficiales quedaron mas de un millón de niños huérfanos a raíz del terremoto de enero.

Criaturas que en plena flor de la edad están partidos en el alma con sus alas rotas porque fueron excluidos de los afectos consanguíneos y que ahora viven la mas pesada de las soledades que solo un niño es capaz de sentir en un lugar como este cuando no tiene el calor de sus progenitores, adultos que no saben en la mayoría de los casos, qué hacer de sus vidas y que de plano se deshacen de ellos.

La mayoría de los niños que vive en El Oasis llega en grupos de hermanos; esto les ayuda a su adaptación. “Yo tengo un hermano y dos hermanas que viven aquí, pero el más chico, de cinco años, vive en mi casa”, comenta una niña de 9 años de edad.

Una gran reja café, color predominante en la decoración del instituto, separa el edificio de las niñas y de los varones. Así lo pidieron las religiosas Hijas de Jesús Buen Pastor, como condición para que, desde hace cinco años, se hicieran cargo de la casa. Algunas veces esta separación afecta a grupos fraternales pero poco a poco se acostumbran, mirándose y hablándose a través de la reja para evocar a los familiares y vecinos que sí los cuidaron, que vieron por ellos.

Quien quiera que llega a esta Casa Hogar por muy valiente que sea, se le arruga el cuero, porque uno empieza a imaginarse cómo es el caso de cada niño y niña que ya desde los 3 años de edad como la niña “Maguita” la del pantaloncito de felpa color mora, suéter color naranja, zapatos nuevos con correa de hebilla con calcetones blancos, sí, la de pelo lacio a media melena muy coqueta, de ojos chisperetos que a duras penas podía subirse a la silla periquera para degustar el sándwich que le dimos en el comedor azulejado blanco, ella fue virtualmente dejada y lo único que tiene es su mundo cercano, sus afectos, lo compone cinco niñas de su edad de las que no se desaparta ni un minuto ni del resto de las niñas mayorcitas las que hacen el papel de mamás apoyadas de las jóvenes hermanas religiosas que son las directamente responsables de su bienestar y cuidado las veinticuatro horas del día desde que la fundadora de la casa hogar ya no pudo hacerse cargo de la casa hogar.

Hasta este lugar fue parte del personal de UNISAP, 9 compañeros voluntarios que dieron tiempo y cariño a quienes no tienen casi nada. Allí dejamos una nutrida dotación de artículos de primera necesidad, de limpieza y aseo personal reunidos gracias a que fueron adquiridos del bolsillo de mas de 20 compañeros que aportaron desprendidamente por esta buena causa y contando desde luego con el aporte económico de la propia federación a través de su dirección general que de esta manera se sensibiliza y promueve obra social a favor de esta noble causa. Juntos, empresa y colaboradores  aun en las condiciones por las que atraviesa la actual economía nacional, aun hay tiempo y voluntad para ayudar al prójimo desvalido como es el caso de los niños de esta casa hogar. Ojalá que esta visita sea emulada por las cajas asociadas de UNISAP y pudieran hacerse presentes en estas instituciones que claman a gritos un poco de ayuda y de presencia, sobre todo presencia para hacer los días menos tristes y mas solidarios, mas humanos.

Durante la visita, tratamos a 6 jóvenes religiosas enfundadas en su atuendo color gris sin la toga con su filial afecto hacia los niños y niñas, a las que cuidan y vigilan; les ayudan, las educan como madres sustitutas; conocen y reconocen a la perfección cada una de sus necesidades, angustias y como buenas samaritanas, están al pendiente de sus dolores cuando enferman y deben ser atendidas no importa la hora ni el día puesto que también son hijos de Dios. Se puede decir que todos los niños y niñas son sus hijos adoptivas, se saben perfectamente sus nombres, sus virtudes y defectos, también suelen reprenderlos como cualquier madre biológica lo hace.

 ¿Pero por qué están allí estas niñas y niños? ¿Qué hicieron para merecer esta suerte? ¿Quiénes son sus padres? ¿Cómo es que tantas y tantos llegan así como así y de todas las edades y todo el tiempo? Son preguntas que casi estamos seguros todos nos hacemos en el primer momento en que arribamos a los corredores y al patio central donde juegan sin mas preocupaciones decenas de niños los cuales tienen su respectivo expediente que es monitoreado por el Consejo Estatal para la Prevención y Atención de la Violencia Intrafamiliar (Cepavi) y por el propio DIF estatal, instancias que muy atentas cuidan del buen funcionamiento de la casa hogar como del propio patronato organizado en asociación civil que goza de prestigio entre las sociedades de asistencia privada de tal suerte que este lugar ha recibido la visita por ejemplo de 100 voluntarios de Gatorade y de las fundaciones Sabritas y Bimbo, como de otras empresas de Guadalajara, los han apoyado y ojalá lo sigan haciendo instituciones como hoy lo hicimos por UNISAP y que seguramente el personal empleado y directivo de nuestras cajas socias puedan contribuir en algo a este tipo de instituciones que necesitan de todo y que sin importar el tamaño del apoyo este será siempre bien recibido y mas, si seguimos el ejemplo de la Madre Teresa, de “amar al prójimo hasta que duela”


La parte exterior como el interior de la casa hogar es vigilada por una portera supercelosa formada desde niña en esta casa hogar. Carga sus llaves a cada momento, no las suelta a nadie y sólo ella abre y cierra candados y cerrojos, yendo de puerta en puerta pues es grave la responsabilidad de quienes dirigen esta casa hogar, pues deben demostrar la confianza de organismos que como el DIF cada día les canalizan mas y mas niños para que sean ubicados aquí y porque el comité de patrocinadores está al pendiente que se cumplan los reglamentos internos para que se logre su misión y visión y no haya queja alguna de ninguno de los participantes de estas instancias.

Pero sólo Dios sabe como lo sostienen porque nunca habrá necesidades totalmente satisfechas, pues las carencias son enormes y permanentes y la magra ayuda que llega es escasamente proporcional a la buena cantidad de bocas que hay que mantener tres veces al día de lunes a domingo y todos los días del año. Además del avituallamiento propio de un lugar como este, donde se consumen a diario cantidades impresionantes de agua, de luz, de gas, detergentes y jabones para lavar, papel higiénico, enseres de limpieza, ropas, medicinas, calzado, etc.

En la cocina se otean las carencias, solo algunos aceites comestibles y mas estrechez, aunque de repente la alacena esté repleta de enlatados, galletas de animalitos, bolsas de frijol, arroz, leches condensadas, pastas y otros comestibles siempre faltará mas comida que preparar porque no es fácil alimentar a 89 niños con hambre permanente y al equipo de madres, personal de intendencia y el voluntariado que ayuda a preparar los alimentos donados por incontables bienhechores que están al pendiente de este orfanato uno de mas de 100 que existen actualmente en el estado de Jalisco.

Hoy, el amanecer y el atardecer son iguales, para muchos niños son ostensiblemente tristes los días. La monotonía de lo cotidiano, es interrumpida por la llegada de los infaltables sábados y domingos cuando son visitados por sus bienhechores que asisten a compartir alimentos preparados lo que hace de estos días una gran fiesta familiar y donde con suerte se come un poco mas de lo que se puede hacer en el resto de la semana.

La iniciativa de visitar una casa hogar surgió de las compañeras Genola Borrego, Tatiana Islas y Carlos Beltrán. Luego fue seguida por algunos compañeros mas del interior de la Federación y muy pronto prosperó la idea. Se contó con una buena parte del personal que se sumó a la colecta de víveres y de artículos de limpieza, se invitó también a las cajas afiliadas de la ciudad. Una vez que se identificó a la casa hogar con necesidades tanto materiales como afectivas se decidió promover la visita a esta casa de la que reseñamos nuestra visita.

Acudimos con mucho entusiasmo , y con el apoyo también de otros colaboradores, pudimos reunir bastantes artículos de limpieza, higiene personal, alimentos y preparar la comida para los niños de esta institución dedicándoles un sabadito completo

En la casa hogar nos recibieron con los brazos abiertos y con la mejor disposición para poder apoyar a los 89 niños y niñas de entre 3 y 15 años de edad que allí residen. Lo primero que se llevó a cabo fue la comida con los niños. Se prepararon sendas dotaciones de ricos sandwiches entre varios compañeros de la Federación, y se les obsequió un pastel y jugo atendidos por todos lo que tuvimos la oportunidad de asistir.

Cuando la comida terminó, pasamos un rato muy agradable con los niños pues mientras las niñas se divertían en un salón de belleza que montamos especialmente para ellas y donde las peinamos y arreglamos, los niños jugaban fútbol, lotería, carreras, subían las resbaladillas, paseaban en los columpios, por nombrar unos cuantos juegos.

Los niños jugaron, se divirtieron y recibieron premios; pero lo más importante fue la gran sonrisa con la que nos despidieron y el momento compartido junto con ellos que esperamos lo guarden en su corazón con mucho cariño como lo haremos todos nosotros.

Agradecemos especialmente a Caja Popular San Pablo de Guadalajara, por su valiosa cooperación al hacer el donativo de una gran cantidad de artículos para cuidado personal y limpieza e invitamos a las cooperativas financieras afiliadas a la federación participen en la próxima visita y así se unan en este esfuerzo por regalarles una sonrisa a niños que necesitan el apoyo y cariño de todos.

UN DATO MÁS.
De acuerdo con cifras del DIF estatal (Jalisco) 48% de los reportes de algún tipo de violencia son hechos por algún familiar del menor, mientras que 29% lo hacen instituciones y 16% los vecinos. Datos del INEGI demuestran que hasta 2008 el maltrato físico es el más atendido en el DIF Jalisco (29.7%), seguido del maltrato emocional (16.3%) y la omisión de cuidados (9.7%). Mil 700 denuncias fueron recibidas este año. El 57% de los maltratos físicos y psicológicos en los niños se dan por parte de la madre. Y es que son ellas las que pasan mayor parte del tiempo con los hijos. Son situaciones que se salen de control las que llevan a la violencia; algunas veces son los propios niños los que provocan reacciones equivocadas por parte de los padres. Mienten, roban, hacen travesuras; sin embargo, la manera de actuar de sus progenitores no está justificada. “No hubo nadie que les dijera que estaban metiendo la pata una y otra vez”, afirma el psicólogo González Campos.

¿DÓNDE SE UBICA EL OASIS?
La Casa Hogar El Oasis, toma su nombre del mismo que lleva la calle donde se ubica con el número 80 en la colonia Miramar, por el rumbo de la Bodega Aurrerá de El Tutelar. Un sonido aturdidor anuncia la llegada de los visitantes. Adelina abre la puerta café con una ventanilla en el centro (Es la niña ahora mujer que ha pasado prácticamente toda su vida en esa casa hogar) . El paisaje se mancha con grafito de todos colores a lo largo de la calle solitaria. “Pásale”, dice Adelina con una gran sonrisa. La sala de espera es un pequeño pasillo con dos bancas cafés de concreto y paredes amarillas; enfrente está el baño y unas puertas del mismo color que las bancas. Una lleva aun cuarto donde se guardan los útiles escolares y la otra con las religiosas.

Lo primero que se ve al sentarse son tres fotografías colgadas en la pared: una del equipo de fútbol americano de la casa, otra más grande de un sacerdote ya anciano y otra de una señora con el pelo rubio al lado del Papa Benedicto XVI. Se observa a misión y la visión de la casa hogar y un poco mas hacia el interior yendo al patio se halla lo que una vez fue un moderno despachador de frituras y refrescos hoy convertido en forzada alacena. Adelina comienza la plática: “A mí me gustan los ‘pelones’ y los pulparindos. ¿Vas a venir a visitarme los domingos? …Mis papás nunca vienen a visitarme”, pregunta. Llegó a los doce años de edad en situación de abandono. Hoy tiene 44.y la hace de portera, de guía, de prefecta, la supercelosa de sus llaves, pues es el alma de la casa hogar, toda su vida la ha pasado ahí y puede contar las historias de cientos de niños muchos de los cuales son ahora profesionistas brillantes.

“Cuando sea mi cumpleaños me gustaría que me regalaras un pajarito”, dice emocionada. Después uno se entera que una de las religiosas le comentó que le gustaban las aves y Adelina prometió regalarle una para su cumpleaños. “Yo le dije que no, que me gustaban los pájaros, pero libres, no encerrados como ella está aquí”, platica la hermana Lulú.

Como en la mayoría de las casas hogar, los niños que ingresan pueden estar ahí hasta los 18 años de edad, a excepción de Adelina. Aunque lo ideal es que no permanezcan más de tres años. Los rangos de edad para los aspirantes es de los dos a los nueve años la población es de 89 niños, divididos de manera equitativa por género.

El Oasis de la Niñez fue fundado en 1980 por Estelita Martínez. “Mami”, como los niños la conocen, se hizo cargo de la institución hasta 2005, año en que la dejó en manos del sacerdote José Díaz López. Poco a poco las cosas fueron cambiando: llegaron las religiosas, los psicólogos, la trabajadora social y se dividió la casa en dos: para niños y niñas.

Son seis religiosas las que se encargan del área femenil. “Al principio las niñas, sobre todo las grandes, no nos aceptaban, pero poco a poco nos las fuimos ganando”, recuerda la hermana Mony. Empezaron a trabajar bajo la premisa de “no gritar” y hasta el momento ha funcionado. Todas las cosas eran de todos y eso propiciaba que destruyeran los juguetes o que la ropa se perdiera. “Así que etiquetamos la ropa con el nombre de las niñas y le dimos a cada quien sus juguetes”, explica.

Pero uno de los mayores cambios que se hizo en la institución fue la apertura de puertas a los familiares de los niños. Llevan dos periodos vacacionales que salen a sus casas. Los padres firman una carta donde se comprometen a que los niños lleguen sin ningún rasguño, golpe, moretón o signo de violencia. Los resultados han sido positivos. Los niños aprenden a estar en la calle y tienen la oportunidad de regresar a su primer hogar. “A los niños que no salen los llevamos de vacaciones a alguna casa de campo que nos presten y nos las pasamos muy bien”, agrega la hermana Mony.

Los niños de la Casa Hogar juegan, se divierten, estudian y tienen una rutina diaria. Se han vuelto una gran familia, tienen un hogar donde se les brinda un techo, comida y bienestar y se conservan con buena salud, limpios y libres de parásitos intestinales y de la cabeza. Son menores que esperan algún día regresar con sus familias para demostrar que pueden ser felices a pesar de sus experiencias pasadas. Saben que tienen una vida por delante donde el maltrato es una mancha oscura que poco a poco se desvanece.

Fuente: José Rodríguez Mendoza
Coordinador de Proyectos Especiales
Federación Nacional UNISAP